viernes, 10 de febrero de 2017

A MANERA DE COLOFÓN: "RETRATOS EN LA CIUDAD"


por Chalo Agnelli
Aparentemente la filosofía de vida de cada persona se gestaría como relativa a la época en que se ha vivido, pero esto es una parte de la totalidad. Muchos son los materiales que levantan el edificio de un pensamiento humano, de una actitud de vida: la historia precedente y contemporánea, el ambiente, la educación recibida y
lo aprendido, lo oído, las lecturas, las influencias, las semejanzas, las ideologías frecuentadas, etcétera, etcétera. Así el individuo se va impregnando gradualmente de fondo y forma que lo hacen único y indivisible entre los demás y su pensamiento es, tan o más valioso, que no se necesita descollar en el discurso filosófico para dar, desde su mensaje, por más simple que parezca, enseñanza al oído atento.

“Somos una consecuencia de lo que hemos vivido, sobre todo en la infancia“(Aldo Severi)
“La Cultura es una cuestión universal que tiene que reflejar la situación concreta del ser humano y su relación con la sociedad.” (Claudio Pérez)
La poesía me asalta. Uno siente que hay una voz que empieza trabajar adentro, que no se la reconoce ni se sabe de dónde viene, pero lo concreto es que se instala y luego viene el alumbramiento.” (Miguel Angel Morelli)
“... creo que el sentimiento de patria de patriotismo pasa por otro lugar que tan sólo decir “yo amo la Argentina”. Uno ama el lugar donde vive; las 20 ó 30 cuadras alrededor del lugar donde uno nació, donde está la propia familia, los amigos. Ese lugar para mí es Quilmes.” (Martiniano Molina)
La masacre de Afganistán, la masacre de Irak que continúa, el genocidio que está cometiendo el gobierno autoritario de Israel con el pueblo palestino y muchos otros espantos similares no difieren demasiado de lo que fue el espanto de Vietnam o lo que fue el genocidio nazi. La guerra en cualquiera de sus manifestaciones es terrible.” (Oscar Staffora)
Apagá la tele, encendé un libro.” (Néstor Arias)
“Es realmente viejo el que pasa el día sin aprender nada.” (Rodolfo Binelli)
Y lo nuestro fue aprender con los otros. Aprender de la filosofía de vida que trazan Y transitan los otros. Trabajar estos reportajes nos enseñó del valor incalculable de “escuchar”.
La historia de una vida es la historia del medio, de una cultural y de la comunidad que contiene al individuo.
El retrato es la fijación de una persona en un momento, a una edad, con un entorno de circunstancias determinadas que van apareciendo en la memoria de la gente cuando se topan con él en algún álbum viejo o dentro de una caja de zapatos donde se suelen amontonar fotografías que sacamos con amor y a las que volvemos con nostalgia - cosa propia del amor cuando el tiempo lo atenúa -. Pero el retrato es algo incompleto por sí mismo. Tiene que aparecer algún testigo del retratado para poner el condimento de la anécdota, para los detalles de la vida allí plasmada en un segundo de luz. Por eso el retrato hablado da fe del pensamiento y obra de cada uno.
Estos “Retratos en la ciudad”, derivados del programa radial de la RK FM 91.5, son testimonios de la vida; testimonios de mujeres y hombres en la plenitud de su energía creadora, que sostienen, generan y transforman la Cultura de nuestra ciudad. Comprometidos con su propia vida, con la Vida.
Cristina Oller, con su voz seductora y su apreciación profunda de la gente; y Ricardo Debeljuh, con su llaneza y cordialidad, ambos auténticos y cálidos, saben de los valores de la gente. 
Desgrabaciones de todos los reportajes aquí publicados, compilación y argumentación Prof. Chalo Agnelli


miércoles, 21 de diciembre de 2016

HUGO YORI , HISTORIETISTA - SETIEMBRE 2004

Días pasados el coleccionista Carlos Benavides, quien recolectó una pinacoteca extraordinaria tan sólo de artistas plásticos de Quilmes, publicó un hermoso dibujo a bolígrafo de Hugo Yori: historietista, creativo, difusor de la cultura y aventurero soñador, quien en setiembre de 2004, fue entrevistado por Cristina Oller y Ricardo Debeljuh en el programa "Retratos en la Ciudad", que luego se hizo libros. Continuando con los reportajes publicados en ese presentamos aquí a Hugo Yori, quien dejó un secuela de arte en nuestro "surgranbonaerense" y en la CABA. Esta entrevista que ya tiene 12 años, está vigente en esencia y es la última de RETRATOS EN LA CIUDAD libro publicado en 2006, por la editorial JARMAT. {1}
 * * *

CRISTINA OLLER.- Nuestro invitado de hoy es Hugo Yori, historietista, dibujante, un hombre de la cultura; a quien vamos a retratar para conocer su espíritu. 
HUGO YORI.- Buenas noches a todos. Gracias por la invitación. Seguro que la vamos a pasar bien. 
RICARDO DEBELJUH.- Seguro que sí. ¿Te podemos definir como caricaturista? 
H.Y.- Más acertadamente se emplea historietista. Porque el caricaturista es el que hace rostros. Hago historietas y, además, ex publicista. Trabajo que ya abandoné. 
R.D.- ¿Qué pasó? 
H.Y.- Me cansé. ¡Después de veinte años! Hice trabajo para muchas empresas pero siempre free – lance. 
R.D.- Contanos como empezaste con la historieta. 
H.Y. – Todo historietista, todo dibujante, cuando tiene 3; 4; 5 años comienza a dibujar en las paredes y los pisos de su casa; y yo lo hacía con una tiza. 
C.O.- ¿Y mamá rezongaba? 
H.Y.- No, por el contrario. Ella fue quien más me alentó. Tenía condiciones innatas como muchos artistas. Unos luego hacen de eso una carrera, otros no. Ya desde la primaria me destacaba, no digo si dibujaba bien o mal, pero en el grupo fui el único que hizo de esto una profesión. Es una pasión. Erróneamente se suele considerar a la historieta arte menor. En Europa, por el contrario, es arte mayor. Y los mejores historietistas de Latinoamérica son argentinos; como por ejemplo Horacio Altuna, autor del “Loco Chaves”; que se fue a España pues aquí no se lo valoró como merecía.
C.O.- Para mí, el más grande es Quino. 
H.Y.- Es bueno lo que decís. Quino es un grande porque creó un personaje universal con Mafalda y toda la zaga en torno a ella. Altuna no sólo se destaca por su pluma, sino por la variedad y la riqueza dramática que tienen sus personajes. Ganó el Premio “Lápiz de Oro” como el mejor historietista de Europa. 
R.D.- ¿En nuestro país se puede vivir de ese trabajo? 
H.Y.- En nuestro país si no se puede vivir de la historieta se pueden hacer cosas fuera de lo convencional. Yo saqué la historieta a la calle. Fue en el 82. “La Gran Historieta”. Fue una experiencia extraordinaria. Participó Juan Carlos Altamirano, otro gran historietista de Quilmes. Una cuadra de historieta en una bobina donada por El Sol. Un mes de trabajo. Comenzó a las 8 de la mañana de un sábado. Los globos – para que sepa la gente, es
donde se coloca el texto de cada personaje – de cada cuadro estaban vacíos y con marcadores dispersos por el piso, más de 100. Se le proponía al público completarlos con todo tipo de texto. Lo hicieron con total libertad e imaginación. Muy pocas cosas peyorativas. A las 12 del mediodía era un mar de gente. Yo, mientras tanto, me metía entre la gente, motivaba y
charlaba sobre lo que escribían. Es una forma de popularizar la historieta. Fue filmado inclusive por Alejo Apcega, un cineasta de la zona ya fallecido. Cuando se hizo en la calle Florida en el 83, fue doblemente exitoso. Resultó muy divertido pues cuando se extendió el rollo de la historieta vino la policía y me quería llevar con todo, no había permiso, pero cubierto por “Siete Días”, una revista que ya no existe más y que me estaban haciendo una nota, se convencieron y nos dejaron. Porque era tan sólo un papel, no era que iba a vender algo. Luego se hizo lo mismo en el Centro Cultural Recoleta y en el Teatro Gral. San Martín y para el programa “La Campana de Cristal” que conducía Nelly Raymond hicimos frente a los “36 billares” una Gran Historieta con otros
historietistas entre los cuales estaba Doval del diario “La Razón”. La finalidad era, de lograrse el desafío, beneficiar a una institución de bien público.
Pero lo interesante de todo esto es el deseo de la gente de participar en la creación; ya sea una historieta o una obra de teatro. El arte hay que sacarlo a la calle. La historieta es transgresora pues a diferencia de la pintura, que requiere una actitud contemplativa, es participativa pone en actividad al lector-observador. Al poco tiempo que concluí eso la revista de Cacioli, “Humor”, puso un pizarrón en la calle Florida con similar propósito. Lo que me hace sentir orgulloso de la originalidad de mi iniciativa. 
R.D.- ¿Y se podría hacer eso mismo, hoy en Quilmes? 
H.Y.- Me propusieron hacerlo, pero no encontré apoyo. Es difícil. Ni se puede comprar 100 marcadores ni“El Sol” puede regalar 100 metros de bobina. Es otra época. Pero me gustaría mucho volver a hacerlo. Tendría que encontrar sponsor. 
R.D.- ¿Cuál sería tu concepto de historieta? 
H.Y.- La historieta estaba en las cavernas, en los jarrones griegos, en los muros de los templos egipcios. Es milenaria. ¿Definirla...? Llegó a cumplir un rol formativo. Recuerdo de chico las “revistas mexicanas” (SEA) que coleccionábamos y nos las intercambiábamos entre aficionados. Y luego “Paturuzú” con sus personajes: Isidora, Upa. Un día mi papá, nos compró un proyector “Jugal” con dibujos animados de esos personajes, que ahora se están re-conociendo, recuperando y de los que, entonces, hasta Disney tomó ideas. Se llevó dibujantes argentinos a sus estudios como a Molina Campos. Acá hay dibujantes extraordinarios, a veces me vienen a consultar chicos con trabajos espectaculares.

El año pasado en el encuentro provincial “Arte Joven de la Provincia” nos convocaron a Juan Sasturain, Jorge Moraín un guionista que trabajaba con Hoesterheld – maestro de maestros -, y
a Breccia, que fue un uruguayo que vivió toda su vida en la Argentina, un monstruo en su género, que rompía todos los convencionalismos usando cepillos de dientes para manchar, clavos, un hombre totalmente atípico con una obra insuperable; y a mí con la propuesta de coordinar una tarea dirigida a todas las escuelas de la Provincia para que se motivara a los alumnos en la historieta. Llegaron trabajos de todos los rincones que luego de seleccionados se reunieron en este libro que tienen aquí y que por impedimentos lógicos el oyente no puede ver. Luego se hizo un taller en el Teatro Argentino de La Plata. Los trabajos destacados se premiaron en Mar del Plata y tuvieron su publicación que se distribuyó en todas las bibliotecas populares y escolares de la Provincia. Lo cual es un gran aliento para los jóvenes creadores. Allí también hice una Gran Historieta, en el Auditorio, 30 metros, y se transmitió por el Canal 8 de Mar del Plata y muchos otros medios periodísticos; volviendo con ese circo que me dio muchas satisfacciones. 
C.O.- Vamos a escuchar a Louis Amstrong en “Moon Laigh Bermond”, “Cien años de swing, los maestros del Jazz” y luego seguimos con Hugo Yori.
..................... 
C.O.- Hugo trajo maravillosos trabajos. Lástima que no se puedan ver a través de la radio. Yo me voy a quedar con un Soñador, ¿Y vos, Ricardo? 
R.D.- Yo con un “Cafetín”. Contanos de “Cafetín”.
 Yori con don Juan Hinterschidt
H.Y.- Es un publicación que saco desde hace diez años, transmite la cultura del “Café”, que entre nosotros los argentinos es muy fuerte. En “Cafetín” son los Cafés de Buenos Aires, pero tanto en
Quilmes como en cualquier pueblito del interior que tenga su “Café”, sucede lo mismo. Lo que pasa que la movida literaria en los cafés es muy porteña. En él publico textos de autores reconocidos como ignotos que escriben tan bien como los prestigiosos. Esa es mi satisfacción más grande. Me cuesta mucho sacarlo porque todo lo que sea literatura no es redituable, de modo que no cuento con mucho apoyo. Pero las cartas que me llegan los libros que me envían me dan mucho aliento.
La idea me surgió porque fui un habitué consuetudinario de los
Cafés, allí iba a dibujar. La tacita del logo la compré por $ 1 en un Café de Quilmes que se llamaba “Barbotina”  atendido por su dueña la Negra Maida. El periódico se distribuye en todos los Cafés de Buenos Aires: el “Tortoni”, “Treinta y seis billares”, “Bar Suárez”, “Café Dorrego”, donde incluso los han enmarcados y cuelgan de sus paredes.  Un día me llama una señora por teléfono y me dice “quiere hablar con usted el señor Horacio Ferrer”. Se imaginan mi asombro. Resulta que en una oportunidad saliendo de la Academia del Tango que está al lado del Tortoni, vio Cafetín, le interesó mucho y me pide que él quería estar allí. ¡Con esa postura y esa impostación de voz tan poética y singular que lo caracteriza! Y por varias tiradas se publicaron trabajos suyos. Sin dinero de por medio. El único acuerdo fue, que dado que la Academia del Tango tiene vinculaciones con todas partes del mundo, yo les entregaba 500 ejemplares que ellos distribuían internacionalmente. Me llegaron cartas de España, de Bruselas, Holanda, París. Mi orgullo es que el diario nació en Quilmes y yo tengo una fuerte identidad quilmeña. Esa es la pequeña anécdota que produjo “Cafetín”. 
Y ahora se creó el “Premio Cafetín de Buenos Aires” que es una tacita con café falso, sólido, adentro, sobre una base de madera, que pesa aproximadamente un kilo y representa ese vínculo del hombre de Buenos Aires con el Café y la tacita compañera que fue y es inspiración de tantas obras geniales en todos los campos del arte y la cultura de los porteños. 
C.O. – Bueno, ahora hay que hablar del Soñador; de lo que hiciste en la UNQUI. 
H.Y.- Todo empezó cuando hacía “El Fana” en el programa de televisión “Polémica en el fútbol”. Fue un éxito para mí, pues el personaje fue muy conocido, me reconocieron a mí y a Quilmes. Luego me tomé un descanso de la historieta. Y recientemente, hace dos años, sobre la base del personaje protagónico y arquetípico me surgió “El Soñador de Sueños”. Es un adolescente que viene de un
universo propio y que representa los sueños postergados de los chicos, sus deseos y esperanzas. Hace dos meses en la UNQUI, con 70 chicos de un comedor barrial trabajé sobre los sueños y por supuesto las pesadillas. Hicieron mucha catarsis y escribían sobre las propias pesadillas y las ponían en la bolsa que carga el personaje a su costado y se llama “Atrapapesadillas” y con la trompeta que lleva a su espalda convoca a los soñadores y con el globo viajero se trasladan en las ondas de los sueños y los chicos allí colocan los sueños buenos. Me habían dado el aula mayor de la UNQUI y estuvimos casi cuatro horas trabajando.
La historieta del Soñador intenta influir en el ámbito psicológico, didáctico y lúdico. Juan Miró dice “Nunca sueño cuando duermo, sino cuando estoy despierto”. El Soñador es un disparador múltidireccional. Hoy el artista debe articular con muchas cosas pues la variedad de la vida es incalculable. La licenciada Mabel Coutada, que es una persona encantadora, fue una excelente anfitriona. Y los chicos tuvieron la oportunidad de algo nuevo. Entrar en el mundo de una Universidad despierta en el niño proyecciones de futuro. Que la Universidad salga de su burbuja académica es imprescindible. 
C.O.- Y seguimos con el jazz. Que a Hugo lo acompaña cotidianamente en su taller de trabajo.
................ 
R.D.- Cuando presentás un personaje de historieta como El Soñador, ¿Cómo, de dónde partís, de qué idea despegás? 
H.Y.- Yo no busco a los personajes, ellos me encuentran partiendo de mi bagaje personal de experiencias y conocimientos. Fue una elaboración de siete meses. Ardua. Con más de un centenar de trabajos desechados. Hasta crear... 
R.D.- Cristina nos va a leer algo... 
C.O.- Fragmento de “El Soñador de Sueños”: Era una noche como todas. Preparó su globo viajero, cargó en su bolsa el Catasueños y su trompeta llamadora de niños soñadores. Dio un salto y, siendo su cuerpo tan liviano como el aire, se metió en el canasto de su globo sabiendo que una larga noche le esperaba:

- ¡Niños despierten, nuevos sueños les llevo esta noche!

Le dio a su globo la orden de zarpar y voló lentamente por las ondas de los sueños. Los niños lo aguardaban impacientes y una nueva noche llena de aventuras los esperaba...”
C.O.- ¿Cómo va a ser la llegada al público? 
H.Y.- Estoy terminándolo. La idea es que se trabaje como taller en los colegios. Que no sea solo materia de lectura. Que sea disparador de la imaginación y de la creatividad de los chicos. Que los motive a escribir cuentosueños y los envíen a otros chicos de otras escuelas del país que, supuestamente, los llevarán en ese globo imaginario. Es un motivador de la lectura y la expresión escrita en los niños y de terceras cosas. 
C.O.- A mí me gusta como en algunas escuelas se está trabajando en este aspecto. De nuestra época a esta parte se avanzó mucho en este sentido. Los petisos escriben, dramatizan, hacen sus propias obras de teatro, cuentos de terror. Lo sabemos por nuestros propios petisos que van a la escuela pública, la Escuela N° 19. 
H.Y.- Trabajan muy bien en esa escuela. Por cierto. 
C.O.- A propósito, felicitaciones por Ornella. 
H.Y.- Mi hija es un personaje. No es físicamente parecida a mí pero tiene muchas de mis inquietudes. Le gusta dibujar, es entusiasta. No quiero que sea como yo, pero me halaga que elija mis mismas cosas. Kevin, es macanudo con otras inquietudes muy positivas como la electrónica y el deporte, por cierto. 
C.O.- En resumen ¡Esto plasmaría fenomenalmente en las escuelas como material didáctico! 
H.Y. - En la Dirección de Bibliotecas Populares de la Provincia me propusieron trabajar esto como taller para maestros. Aún no lo pude hacer pues no tenía cerrado el proyecto. Pero pronto... 
R.D.- ¿A qué edad conviene iniciarse en el dibujo? 
H.Y.-  No hay una edad definida. Hay que tener constancia,
seguimiento. Y, además, y sobre todo, ocuparte y preocuparte por el propio bagaje cultural, la asimilación de lo que se llama cultura general. Porque podés empezar a dibujar a los cinco años porque tenés condiciones innatas, pero a eso hay que agregarle la experiencia para incrementar la creatividad, el alto vuelo para crear personajes como: “El Loco Chaves”, “El Nene Montanaro”. Como Langer que ahora tiene la historieta “La Nelly”. El texto lo puede hacer un guionista en un trabajo compartido. En este caso yo estoy haciendo las dos cosas lo que me da mucha satisfacción. No hay una edad determinada para iniciarse en este campo. Es verdad que hay más varones que mujeres historietistas. Si bien entre ellas hay muy buenas guionistas. La mujer hace una historieta más sensible, poética, a diferencia del hombre que tiende a lo épico. 
C.O.- ¿Qué opinás de Fontanarrosa? 
H.Y. – Un genio. Un hombre absolutamente autodidacta. Al que se le suma el humor. Un genio como Quino, Breccia, Caloi y toda una camada nueva. La realidad actualmente da tantos temas, mucho más que en nuestra generación. Yo tengo 55 años. Y sin tantas inhibiciones como teníamos nosotros. Pienso que Creatividad y Filosofía deben ser materias desde la primaria. 
C.O.- ¡Fue bueno haber invitado a Hugo Yori! Debemos pedir segundas partes. Muchas gracias. 
H.Y.- El agradecido soy yo y espero que el oyente se haya sentido satisfecho.

{1} Se puede adquirir en la farmacia de la esquina de Mitre y Brandsen o en la Biblioteca Goyena, San Luis 948 e/ Larrea y Azcuénaga.

entrevista: Cristina Oller y Ricardo Debeljuh

Desgrabación, Chalo Agnelli

setiembre 2004

Dibujos: Pinacoteca “Julio Fernández Villanueva"

y Pinacoteca de la Biblioteca Pedro Goyena de Quilmes 
Fotos de Chalo Agnelli

martes, 20 de diciembre de 2016

ERIK OLLER, SETIEMBRE 2005

Erik Oller es el 28° entrevistado en el programa radial "Retratos en la ciudad" que luego fueron al libro. No sabemos por qué fatal infamia de los objetos inanimados su reportaje se borró de la computadora, pero allí está el libro. El libro siempre un recurso salvador ante las contingencias de la cybernética ineludible. El libro que nos obliga a ahondar más en los temas, en las personalidades... y en este caso de un colega periodista con una trayectoria que nos supera, donde hace anuncios anticipatorios del destino de la Internet y la continuidad de la Radio. Erik Oller decía en aquel setiembre de 2005. 

RICARDO DEBELJUH.- ¿Cómo empezaste en el periodismo y por qué? 
ERIK OLLER.-Hay una especie de paradoja, en esto de presentarme como periodista internacional. Comencé a estudiar periodismo luego de abandonar la carrera de medicina, donde fui un excelente estudiante fracasado de medicina durante tres años. Después me decidí por el periodismo en un tiempo difícil, como el de la dictadura. Lo hice porque sabía que era bueno para escribir, que lo mío pasaba por eso y no por la medicina. Creía que iba a desarrollar mi carrera trabajando en algún diario de provincia, cuanto más chiquito mejor. Veía mi futu­ro periodístico sentado en la mesa de un bar, reproduciendo las noticias chicas de un pueblo chico, de la Municipalidad, la escuela, el cura, «se casa la hija de Don Tito». Recuerdo que en el primer año de carrera un profesor pregunta "¿Por qué eligieron periodismo?" Y un compañero contestó inmediatamente «porque me gusta viajar» Pensé que era mejor que estudiara guía de turismo si le gusta­ba por eso. Es que nunca había identificado al periodismo con movilizarse, aun­que a él no le dije nada para no molestarlo. La paradoja es que yo no fui a parar a algún lugar del norte argentino, sino que me ha llevado a muchos lugares del extranjero que no tenía idea visitar. A tener una vida viajera, que no tuve intención de llevar pero que fue un resultado inesperado. Yo traté de llevar adelante mi sueño y trabajé en un diario de Salta llamado 'Intransigente', que era muy bueno, prestigioso y antiguo. Y allí empezó el carrusel, porque surge la posibilidad de ir a la Antártida. Decido tomar esa oportunidad dejando el diario donde estaba empleado. Y ese fue uno de los últimos empleos que tuve, ya que mi vida laboral ha sido precaria en el sentido de que no estoy mucho tiempo trabajando en un lugar, ya que el destino profesional me ha llevado de un país a otro y de una ocupación a otra. 
R.D.- ¿Qué estuviste haciendo en la Antártida?

E.O.- Cuando quiero impresionar digo que era el 'Encargado de las Comu­nicaciones (Palmer Station) radiales', pero cuando soy sincero digo que era el lavaplatos, que, es más cercano a la verdad. Era una base científica norteame­ricana muy cercana a las bases argentinas y chilenas, en donde necesitaban de alguien que hablara castellano para la comunicación con las bases hispanoparlantes vecinas. Como era una base chica dependía de los helicópteros chilenos y de los aviones argentinos. Tal vez por una tradición norteamericana el lavapla­tos era latino como en Nueva York y yo hablaba inglés. Si uno quiere salir al mundo el hablar dos idiomas facilita mucho, eso hizo que comenzara a colabo­rar con las comunicaciones de la base.
R.D.- Después ¿Cómo continuaste?
E.O.- Normalmente el periodismo y el ganar dinero no van muy de la mano, pero con la experiencia en la Antártida me junté unos pesos y los invertí en un viaje. Con un amigo norteamericano que conocí en la base, fuimos a Bolivia, a Perú. Hicimos la senda de los incas, donde uno va caminando desde Cuzco por los pasos de montaña y llega a Machu Pichu desde la altura. Fue una experiencia inolvidable. Era una época donde los desafíos profesionales no eran tan grandes, pero mi curiosidad y mi sensibilidad hacia los paisajes y los nuevos países hacían que tuviera elecciones profesionalmente tal vez equivocadas. Tenía posibilidades de trabajo acá, pero me había picado el bichito de viajar un poco más.
CRISTINA OLLER.- Estuviste en 'Diario Popular', hiciste revistas en Quilmes, Industriales, «Quilmes y sus deportes»...
R.D.- ¿Pasaste por 'Página 12' también?
E.O.- Mis experiencias periodísticas en Argentina han sido muy diversas en el tiempo y en general cortas todas. Por la que más cariño tengo es por los cuatro meses que pasé en el diario 'Intransigente' de Salta, que tenía una conducta editorial muy firme, un buen diario que fuera muy combatido hasta su cierre. En 'Diario Popular' ingresé mientras estudiaba, haciendo práctica renta­da. Luego me dejaron efectivo con un sueldo muy parecido al que percibía ha­ciendo la práctica. En «Página 12» tuve una relación freelance, ya que nunca fui empleado. Allí hice una de las notas de fondo del suplemento de los domingo que comenzaba a salir. Eran de tono social e investigativo. Lo hice durante los primeros tres números. En ese momento no se sabía dónde iba a parar el diario, que era una constelación de estrellas periodísticas, como Lanatta, que no era lo conocido que es hoy y otros próceres de la actualidad. Fue un proyecto de mucha fuerza donde sentí orgullo - desde un costadito - de formar parte de eso. Nuestros caminos se bifurcaron, el de ellos hacia el éxito y el mío hacia Suecia.
R.D.- ¿En qué costado del periodismo te sentís más cómodo?
E.O.- En el radial. Siento un poquito de nostalgia al estar en este estudio, ya que he pasado algunos años trabajando en radio, con transmisiones en vivo, haciendo reportajes, yendo con equipos de exteriores en Suecia. En los servi­cios en castellano que tenía la radio sueca en aquellos tiempos. Tenía lo quo sería la RAE en Argentina la transmisión para escuchar en el extranjero, se transmitía en onda corta...
C.O.- Te sintonizábamos en casa, con la radio 'Siete Mares'.
E.O.- Después en las radios que se hacían allí, con inversiones considerables e inexplicables, destinadas al bienestar de la población de habla hispana que había crecido considerablemente por el exilio que había provocado las dictaduras latinoamericanas. Era una época de un periodismo apasionado. Uno hacía programas informativos políticos, donde la inversión en recursos y profesionalismo que hacía la radio sueca, permitía que viajara a toda América Latina entrevistando presidentes, que luego ellos utilizaban para sus transmisiones en sueco. Tenían un banco de información que nunca volverán a tener porque esas redacciones han disminuido mucho ahora en importancia. La radio tiene una inmediatez y espontaneidad que ningún medio supera. Ahora cuando pasa algo importante, en Suecia van a buscar a Internet y en Argentina comienza a pasar lo mismo. Pero así como es rápido es cortito lo que pueden poner en Internet, mientras en la radio es más completo y espontáneo. Tal vez lo logre la televisión cuando sea menos dependiente de cámaras y equipos, cosa que hoy la condiciona mucho.
R.D.- El tema de Internet ahora colabora para que radiofónicamente nos podamos conectar también con cualquier parte del mundo...
E.O.- Es fantástico, e incluso porque se pueden escuchar radios peque­ñas y de poca envergadura internacional, desde cualquier sitio del planeta. Se puede sintonizar una radio vecinal de México, desde Europa por Internet, cuan­do todos sabemos que RAE (Radio Argentina en el Exterior) nunca ha tenido demasiado éxito en tener transmisores poderosos que permitan que los argen­tinos la puedan escuchar con normalidad en Europa por ejemplo.
C.O.- Estuviste en la ONU, contanos un poquito de eso...
E.O.- Creo que como antes dije que es importante saber idiomas, tam­bién es cierto que a veces hay que tener contactos o estar en el lugar y el momento apropiados. Esto último fue un poco lo que me pasó en las dos opor­tunidades, porque no fueron trabajos que busqué sino que me ofrecieron. El primero trabajo que hice y que luego me condujo al otro fue ser periodista radial en Nueva York en 1a sede de las Naciones Unidas durante cuatro meses en 1994. Fue para el período de la Asamblea de la ONU, que es la temporada alta del trabajo diplomático, cuando los presidentes hacen su discurso ante la Asam­blea. Se genera una cantidad de información alucinante, que es difícil imaginar cuando uno no ha estado allí, el volumen y la magnitud que tienen las Naciones Unidas, a pesar de que muchos dicen que es un monstruo burocrático que no sirve para nada. Hay parte de verdad en esta afirmación, pero es cierto que es un foro inigualable para la política internacional.
Allí hay una radio que transmitía por onda corta y ahora lo hará segura­mente vía Internet, donde nosotros hacíamos de reportaje de media hora sema­nal, y también transmisiones de cinco minutos diarias con noticias generadas en las Naciones Unidas. Yo lo hacía en castellano así como había otras redac­ciones que lo hacían en ruso, inglés, francés y árabe, que son los idiomas oficiales en la ONU. Un par de años después tuve el honor de participar en una misión de mantenimiento de la paz y afianzamiento de la democracia, que duró unos cinco años. En Guatemala se vivía una situación muy difícil, estaba afectada por conflictos internos; mal socialmente, con una población de diferentes etnias indígenas que carecía de participación y poder de decisión. Allí fui porta voz de la misión seis meses, tarea que considero muy importante y que hice lo mejor posible, con todo mi esfuerzo. Eran jornadas largas de trabajo que dejé cuando mi mujer quedó embarazada, ya que me pareció que no era momento ni lugar apropiado para fundar una familia, y volví a Suecia donde estaba radicado. Uno de mis pocos logros fue hacer la primera campaña de difusión social en siete idiomas indígenas, que con la precariedad de medios que había allí, fue un gran esfuerzo de producción. Porque era traducir a siete lenguas que no tenían registro escrito, ni diccionario alguno, un mensaje de paz, y que denuncien las violaciones a los derechos humanos a que eran sometidos. Entonces hicimos un texto en castellano que tradujimos a siete lenguas, fuimos al interior del país a radios muy pequeñitas, donde los que eran bilingües podían leer en castellano y en estos idiomas indígenas. Luego se enviaron como comerciales a las radios privadas, siendo la primera vez que en Guatemala había producción escrita de éstas lenguas. Un hito, ya que fue un reconocimiento para la cultura de esa gente que había sobrevivido bajo condiciones de opresión, y que de pronto se transformara en un mensaje oficial de las Naciones Unidas en sus radios, creo que significó algo para la autoestima de ésta gente que se esforzaba en el reconocimiento de su idioma, algo no decisivo pero sí muy significativo.
R.D.- ¿Cuáles son las cualidades y los elementos para ser un buen perio­dista?
E.O.- El periodismo es comunicación, y si ésta sirve es mejor. Y si tiene un valor social es mucho mejor. Tenemos toda una escala de posibilidades. Un periodista bueno, decente, muy amable, pero que es un plomazo que se puedo leerlo no es un buen periodista. La condición elemental es que si es un periodis­ta de la prensa escrita, escriba de una manera que sus textos sean atractivos y llamen a la lectura. En el caso de un periodista radial, que se exprese de una manera que capte la atención del oyente. En el caso de la televisión, lo mismo pero con el agregado que se mueva de una forma aceptable y agradable. Natu­ralmente la ética profesional tiene que ver directamente con la credibilidad, y que uno se atenga en el mayor grado posible a la verdad. El periodista debe ser un transmisor de verdades, o al menos, no debe ser un cómplice de las menti­ras. La credibilidad es indefectible tenerla para lograr el verdadero éxito profesio­nal. Ahora, el éxito es una cosa muy relativa. Creo que en nuestro país y en muchos lugares del mundo, hay periodistas exitosos que no reúnen ninguna de éstas dos condiciones. Creo que hay éxitos que no son motivo de orgullo, sino de vergüenza.
R.D.- ¿Cuánto de intuición debe tener un periodista?
E.O.- Es muy importante en todos los órdenes de la vida, lo que pasa es que la intuición es una hermana de la curiosidad y las dos son herramientas
diarias del periodista. Algunos llaman a esto «olfato periodístico».
R.D.- ¿Cómo ves al periodismo argentino, visto con ojos argentinos pero que tienen esa distancia que te permite el viajar tanto?
E.O.- Argentina es un país muy grande y rico en todo sentido, en ejem­plos vergonzantes y en los que son dignos de ser seguidos. Yo creo que hay manifestaciones periodísticas ejemplares, también heroicas y las hay vergon­zantes. La mayoría de éstas últimas, para alguien que proviene de un país como Suecia donde hay televisión de servicio público y códigos de ética muy respe­tados, lo que más llama de aquí la atención es la televisión. Porque no es presentable, es un papelón. La televisión argentina aunque tenga algunos programas novedosos e inteligentes no goza de credibilidad, al menos no la tendría en un país serio internacionalmente. Porque no puede ser que aparezcan cartelitos, o un conductor comienza a hacer publicidad en la mitad de algo, hablan en el que el culto a la belleza y ciertas partes del cuerpo parece lo central, y la filosofía del medio. Creo que la decadencia en la televisión nacional es la mues­tra más evidente de lo que ha pasado en el país, porque es de una superficiali­dad, de un exitismo y de un poder sobre la gente realmente aterrador.
C.O.- ¿Cuánto hace que vivís en Suecia y cómo es la vida allí?
E.O.- Fui a vivir en 1990, medio en broma me llamaba «producto de ex­portación» porque estaba soltero, muy tranquilo aquí en Argentina, y allí bajé la guardia y me enamoré de la que es mi
esposa. Suecia es considerado desde hace tiempo, y cada vez con menos razón, el país del futuro, post industrial, es la antípoda de Argentina. Digamos que estamos muy contentos con la primave­ra, con días de sol con 10 grados, y solo 3 grados bajo cero durante la noche. Y llego a Buenos Aires con un clima otoñal que es comparable con el verano de allá. Es un país que ha figurado desde la post guerra, como uno de los de más alto nivel de vida, hecho por socialdemócratas, donde la educación es gratuita, la salud es pública y más o menos gratuita. Donde el ciudadano extranjero se siente totalmente protegido, uno puede perder su trabajo pero no voy a ir a parar a los caños. El orden social, el económico, la seguridad, le han puesto su sello. La igualdad entre el hombre y la mujer es real. Yo soy' amo de casa', como soy como les dije periodista independiente y entonces, no tener horarios ni responsabilidades de ir a una oficina y tengo el estudio en mi casa, hace que sea yo quien lleve los chicos a la escuela, que haga la comida, lave la ropa. Eso de colgar la ropa en la soguita me parece un tanto femenino, pero soy yo quien reacciona así, ya que a los suecos les resulta normal, pues ellos también lo hacen. Es un país muy diferente, donde a los argentinos después de un tiempo no les gusta mucho, porque la gente es fría y cerrada, el idioma es difícil, el clima muy riguroso. Los inviernos son largos y oscuros, donde el Sol sale a las 10 de la mañana y se pone a las 3 de la tarde, la mayor parte nublado así que no se ve. El latinoamericano suele deprimirse, y demuestra que el dinero no es todo. Pienso que si pudiera llevar lo que gano en Suecia, para vivir en Argentina ¡Qué feliz sería!
R.D.- ¿Cuáles son las cosas que añorás estando allá?
E.O.- Todo, pues creo que Argentina es un país entrañable y extrañable. Cada vez que digo esto todos los argentinos se enojan, porque se la pasan maldiciendo muchas veces al país, cosa que yo no sufro, porque vengo seguido todos los años, pero no lo sufro. Estoy al tanto de todo vía Internet, por amigos y familiares. La gente constituye aún hoy en la Argentina su mayor riqueza y su mayor problema. Tenemos dos personalidades, somos esquizofrénicos, nues­tra alegría mutua es el mayor problema que tenemos. El mismo señor que es tu amigo más solidario es el mismo que cruza el semáforo en rojo, despotrica y no paga los impuestos, muchas contradicciones. Al mismo tiempo la gente es divertida, con vida cultural como ustedes destacan, donde el día parece que tuviese 48 horas, con un clima hermoso y un ritmo apasionante. Un lugar que se merece mejor suerte. En realidad se extraña todo, menos las cosas malas.


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Aquí terminó la entrevista, que ya tiene 11 años, pero conserva en algunos de sus conceptos - que me atreví a remarcar - una  indiscutible actualidad. Erik Oller, un argentino en el exterior que lleva su nacionalidad adentro, pero vive con la inteligencia del cosmopolitismo y con la sustancia del amor que lo unió a aquel lejano país de la península Escandinava,
entrevista: Cristina Oller, Ricardo Debeljuh
desgrabación, Chalo Agnelli
para el libro "Retratos en la ciudad"